El atleta amateur Nicolás de las Heras logra con 59 años la plata absoluta y el oro en Master 55 en el Mundial de 48 horas de running con un método y una filosofía peculiar que le lleva a "correr 441 kilómetros sin apenas cansancio"

"En carreras de 100 kms y de 24 y 48 horas no me canso, pero a mí no me gusta correr, lo que me gusta es sufrir"

Hasta los 43 años a Nicolás de las Heras no le atraía demasiado el running, pero a partir de ahí comenzó un idilio que le llevó a ser un 'obseso' del ultrarrunning.

Nicolás de la Heras es uno de esos 'machacas' del running que necesita retos extremos para ser feliz con su deporte. El atleta amateur asturiano se proclamó hace unos días campeón mundial de carreras de 48 horas en el grupo de edad de mayores de 55 años pero sorprende como siente la carrera. "A mí no me gusta correr, a mí lo que me gusta es sufrir", admite en una entrevista con La Voz de Asturias.

Descubrió el runnig con 39 años tras acompañar a un amigo en la Travesera de Picos de Europa en 2008 —46 kilómetros de Sotres a Arenas de Cabrales con más de 7.000 metros de desnivel—, y tras quedar último se enganchó. "En ese momento me di cuenta de que me había picado el veneno", asegura.

Se comenzó a atrever con el ultrarunning en carreras de 100 kilómetros o más y se enamoró de ese tipo de esfuerzos u destacaba tanto que acabó siendo internacional por España: "Me daba cuenta de que en las carreras cuanto más largas eran, mejor se me daban y mejor quedaba".

Sorprende que admita que correr 100 kilómetros o más no le genera ningún temor:  "No es que me resulte fácil, pero para mí no supone un sufrimiento excesivo. Es una cualidad que tengo y asumo el sufrimiento y el dolor de pies, me gusta pelear contra él porque mi rival soy yo".

Tras destacar en pruebas de 100 kilómetros y de 24 horas decidió dar un paso más y se inscribió en el Campeonato Mundial de 48 horas pese a que no disfruta "corriendo. Es verdad, a mi no me gusta correr, son las sensaciones que me aporta correr, mental y físicamente. Disfruto de ese sufrimiento, de mejorar y superarme".


El deportista de élite cuenta con un entrenador que le gestiona los entrenamientos de carrera y tablas de ejercicios. Explica que suele ser fortalecimiento de piernas, combas o ejercicios con gomas para tonificar el cuerpo, pero sin excesos. "Con 59 años yo me veo bien. en el Mundial de 48 horas había mucho joven de 35 años. Yo voy con motor diésel y ellos turbo. Lo bueno es que tengo buena genética, la vida me va respetando en ese sentido".


En el Mundial de 48 horas acabó segundo absoluto y campeón mundial en máster 55. A nivel nacional consiguió el récord absoluto en la modalidad 48 horas, que estaba en 357 kilómetros y él hizo 441,343 kilómetros. La carrera fue un circuito de 1,048 kilómetros en el que hay que dar vueltas. A lo largo del recorrido hay avituallamientos, baños y zonas de asistencia. En el caso de Nicolás, le acompañó un amigo que fue fundamental y clave en su trayectoria. En total, el asturiano dio aproximadamente 421 vueltas en círculo. "Es cuestión de actitud, cuando llevo un dorsal me da igual que sea dando vueltas a un botijo, lo hago", explica.


Las 48 horas de competición las gestiona cada corredor a su manera y el asturiano puso en práctica su propia táctica, que resume en "salir y no dormir". Su método, lejos de ser estricto, se basaba en estar atento a todas las circunstancias e invertir y gestionar el tiempo según su cuerpo. Cuándo sentía que las piernas "no iban muy bien, paré a hacer un masaje", durante la segunda noche se mareaba, por lo tanto, negociaron él y su asistente y concluyeron que era el momento de echarse de 15 a 20 minutos abrigado y descansando. En estos retos tan al límite cuenta que lo más importante es no estresarse, en esa situación parar no es perder, es invertir el tiempo. Y otra clave que destaca es que siempre se mantiene expectante, porque "nunca sabes cuándo pueden ponerse las piernas como ‘pegollos' o fallar".


En cuanto a la comida, sí está planificada. Comer y correr chocan en el estómago, por ello el avilesino, aplicó las pautas que sigue en las carreras de 24 horas: "Cada hora un gel y un cuarto de litro de carbohidratos". En las pausas alimentarias comía pasta cada ocho horas, en esta ocasión si en una hora rendía el kilometraje que se proponía, paraba a comer en un par de minutos, en las competiciones 24 horas lo hace mientras corre.


¿El problema? Son 48 horas así y acabó agotado, por lo que "al final coges medio sandwich de nocilla, otro de jamón y queso", confiesa. Durante el desafío no caminó más que lo estrictamente necesario, "mientras me comía un yogur, 50 metros", por ejemplo.
La parte psicológica de este reto es conseguir hacer tu propia carrera sin obsesionarte con los tiempos de tus contrincantes: "Hubo un momento de crisis pero pensé, haz lo que quieras que yo voy a lo mío, no me influyes psicológicamente. Aceleré casi un minuto el kilómetro para meterle presión y desdoblarle. Hice 95% mi carrera, me abstraje de los demás y me dediqué a mi. "La gente piensa que es una locura correr 441 kilómetros, son años de preparación y ahí salió el trabajo".

Fuente: La Voz de Asturias