Jay Vine, uno de los grandes protagonistas en la pasada Vuelta a España con dos triunfos, explica varios aspectos de su profesión que la hacen aún más dura y que pocos aficionados conocen

"A los ciclistas profesionales nos llevan a hoteles en los que cuando abres la ventana inmediatamente entran mosquitos del tamaño de pájaros y se dan un festín"

El ciclista australiano Jay Vine fue una de las grandes sensaciones de la pasada Vuelta a España. Ganó dos etapas de montaña y su excelente rendimiento le ha servido para fichar por el Emirates de Tadej Pogacar en su primera temporada como ciclista del World Tour.   

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"Hay poco glamour en este deporte"

Vine no es un ciclista al uso, ya que llegó a la elite del pelotón profesional tras ganar una competición virtual en la plataforma Zwift. El equipo Alpecin se fijó en sus habilidades en el rodillo y la apuesta salió redonda. Tras un año en la máxima dicisión del ciclismo profesional reconoce que se ha dado cuenta de que "hay poco glamour en este deporte"       

“Estoy muy ilusionado por unirme al UAE Team Emirates. Con su fuerte combinación de corredores y su experiencia en luchar por las generales, este debía ser el siguiente paso lógico en mi carrera”, declaraba Vine tras anunciarse su fichaje por el equipo emiratí.     

En una entrevistra concedida a la web Velonews explica cómo ha sido su experiencia como ciclista profesional hasta el momento: “Tenemos que vivir una vida fuera del ciclismo. No todos ganamos seis millones como algunos ciclistas del World Tour. Es difícil, pero trabajamos para tener una jubilación cómoda en el futuro". 

"Estoy pensando en llevar una mosquitera a las carreras"

Su buen rendimiento en la Vuelta a España no le llevó a realizar grandes celebraciones por falta de recursos económicos: “La tarjeta de crédito no da para tanto. Sólo unos pocos elegidos dentro del pelotón llegan a cifras millonarias, yo no soy de los que ganan 6 millones sino más bien cerca del sueldo mínimo que está en 40.000 euros".  

El fichaje por el Emirates va a soluciones su problema económico, pero no otros que señala el ciclista australiano: "No se ven los hoteles donde tenemos que dormir. Estoy pensando en llevar una mosquitera a mi próxima carrera, como si estuviera durmiendo al lado de un río infectado con dengue, porque los hoteles no tienen aire acondicionado. Abres la ventana e inmediatamente entran mosquitos del tamaño de pájaros y se dan un festín. No puedes dormir".    

Reconoce que el ciclismo profesional no aporta una vida cómoda: "No es la vida más maravillosa. Trato de beber cuatro litros de agua tras las carreras, antes de la siguiente etapa. Es un trabajo duro, pero también me encanta. Es increíblemente divertido y no se me ocurre nada mejor que hacer".