El campéon mundial de triatlón 2002 y pionero del boom del triatlón en españa hace un repaso a su carrera, de cómo ha cambiado su deporte y desvela algo que le dejó alucinado de Gómez noya cuando le conoció con 15 años y comenzó a entrenar con él

IVÁN RAÑA: "En mis primeras entrevistas tenía que explicar que nadaba, montaba en bici y corría... ¡y que era todo seguido!"

Hace un año Iván Raña decidió que ya era el momento de cambiar radicalmente de vida. decidió dejar el triatlón profesional tras 22 años de carrera y comenzó a disfrutar del deporte sin la presión de los resultados, como un hobby que le hiciera feliz. Tuvo dudas pero en poco tiempo se dio cuenta que iba a ser feliz en la nueva etapa de su vida. "Pensaba, 'cuando deje el triatlón profesional, ¿cómo me voy a ilusionar con algo?'. Pero nada más retirarme al salir de la piscina, unos chavales me pidieron una foto. Y me empezó a entrar el gusanillo de querer aportarles. Devolver lo que hicieron por mí", señala en una entrevista en El Mundo
 
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¿Cuándo lo tuvo claro?    
 
 
 
Hay un momento que lo sientes, que lo ves clarísimo. Y se acaban las dudas. Si me lo dicen hace dos años, cuando estábamos con el confinamiento, que entrenaba todos los días en casa con el rodillo y haciendo gimnasia, hubiera dicho que no. Quería seguir compitiendo. Pero llega un momento en el que el resultado no es lo importante. Estoy enganchado al entrenamiento diario, a esa forma de vivir, de sentirme bien, en forma, pero la competición ya no tira. Quiero salirme de la lavadora en la que estaba metido, ese círculo de preparar carreras, de intentar ganarlas. Necesito romperlo, hacer lo que me apetezca, irme a una carrera de MTB por etapas a Costa Rica o a Marruecos, para disfrutarlo de una manera más relajada, sin pensar que todo el entrenamiento, la comida, el viaje... tiene que estar perfecto.
 
 
 
¿Cómo recuerda los inicios?  
 
 
 
Eran triatlones de 30-40 personas, casi familiares. Ahora corres un ironman con 3.000 tíos. Te lo pasabas muy bien, porque el que estaba ahí lo hacía porque realmente le gustaba. No era algo mediático ni estaba de moda. Eso es lo que yo viví de pequeño. Nos juntábamos cinco amigos, cogíamos la bici y nos íbamos a nadar al río. Esa pequeña aventura que vives ese día es lo que te engancha. Por eso siempre me gustó entrenar más relajado, sin mirar tanto los números. Un amigo me decía: 'Oye Iván, no hace falta que llenes de épica todos los entrenos'. Todo ese espíritu de aventura es lo que vuelve ahora.  
 
 
 
Los primeros viajes, las primeras carreras... 
 
 
Fue la mejor época. Viajábamos en un 127 al que no le funcionaban los cinturones de seguridad, mi entrenador y yo, de Santiago a Córdoba, o a Avilés, a todos lados, para competir. Dormíamos en tiendas de campaña, una aventura brutal. No había tantos triatlones, así que hacíamos cualquier carrera.
 
 
 
¿Le miraban raro en el colegio por hacer ese deporte?  
 
 
 
En Primero de BUP era campeón de España de triatlón, campeón de Galicia de natación, corría carreras de ciclismo a buen nivel, cross, pista... Había hecho ajedrez, piragüismo. Y me suspendieron Educación Física. Eso me desmotivó mucho para estudiar. Pensaba: 'Aquí no están contando lo que vales, aquí tengo que engullir...'. Era lo que había en esa época. Hoy en día, a un atleta de alto nivel le dan facilidades para cambiar exámenes.
 
 
 
Con 14 años se va de casa y al poco está en un Mundial júnior en Cleveland...   
 
 
Hice el viaje solo, no tenía ni 'papa' de inglés, lo que había estudiando me valía para decir 'I'm happy'. Pero fue guapo, porque por huevos aprendes más, tienes que espabilar.
 
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¿Dónde estaría si no fuera por el deporte?   
 
 
 
Mira que lo he pensado y nunca he encontrado respuesta. De niño, quería ser piloto de avión o vaquero, por las películas. Pero ya desde pequeño sólo existía la opción A, deporte. Sólo tenía eso en la cabeza.
 
 
 
¿Le queda la espina clavada de la medalla olímpica?   
 
 
 
No. He hecho camino, no me puedo quejar. Cuando veo a aquel niño de nueve años que corría por los caminos, que no tenía ni bici. Y luego me visualizo siendo campeón del mundo (2002), con un patrocinador que me mandaba la mejor bici, en unos Juegos, en el Ironman de Hawaii...
 
 
 
¿Atenas 2004 (23º) fue el peor momento?    
 
 
Sí. Hay gente que cuando llega el momento de la presión, lo deja, lo estamos viendo. Yo también lo he pasado. Iba de favorito para Atenas, escuchas lo que viene de fuera y hay mucha tensión. Todos hablan de esa carrera y hay un momento en que te saturas y tienes que lidiar con todo eso. Hasta que puedes dormir tranquilo... Fue una parte que me costó aprender mucho. Solo gana uno, nos volveríamos locos si no lo aprendemos. Y después llegó la época en que ya no escuchas, dices "sí, sí" y es cuando mejor te sale. Eso me pasó en Pekín. Fui de una manera relajada y si alguna vez estuve para ganar unos Juegos fue ahí. Me vine con un quinto, contentísimo. Javi hizo cuarto y lo tacharon de resultado regular. Y yo pensaba, 'a ver cuando se repite esto'. Si la gente viera entrenar a los 100 primeros del ránking, cómo vive esa gente, entendería lo complicado que es estar ahí.
 
 
 
¿Recuerda el periodo más largo que pasó sin entrenar?    
 
 
 
Algún atropello que tuve. En los primeros años hacía un plan de dos o tres semanas de descanso. Pero a partir de 2006 creo que ya no volví a descansar nunca. Me tomo alguna tarde libre. Ahora ya forma parte de mi rutina, no paro nunca. Si lo haces sin estrés, el cuerpo no se cansa. Solo puedes saturarte mentalmente. Se dedicó un año al ciclismo profesional, pilotó coches de rallyes, corrió pruebas descalzo...
 
 
 
¿Sentía que le miraban raro?    
 
 
A algunos le parecía un loco por esas cosas, pero el que quiera entender que entienda. Me costó explicarlo. Ahora hay muchos pilotos que hacen triatlón. Cuando hablo con Carlos Sainz, que es uno de mis ídolos, no me trata como un loco. Al contrario, un tío loco en un rally dura una curva, la primera. La concentración es total, más incluso que en un triatlón. Es algo que me apasiona pero de verdad, que me ha enseñado mucho: a saber controlar los nervios y el miedo. Como el año en bici (Xacobeo), a ir en pelotón, a evitar montoneras, a trazar, a saber frenar. Tampoco se entendió. Pero también hacía ajedrez de pequeño. ¿Y eso es malo? Lo malo es estar cerrado a una idea y no querer aprender nunca.
 
 
 
¿Recuerda la primera vez que se cruzó con Gómez Noya?    
 
 
Lo veía en la piscina, era muy pequeño. El chaval nadaba muy bien. Con 15 años él, corrimos un triatlón en Castropol y se le veían maneras. Normalmente los nadadores de ciudad no se atrevían con triatlón y él sin entrenar hacía unas carreras a pie brutales. Luego, yo ya campeón del mundo, nos pusimos a entrenar juntos. Y yo decía: '¡Pero este tío, va a ganar todo lo que quiera!'. Lo veía tan claro que a veces me llevaba a discusiones con amigos míos. Me decían: 'Que no puede ser tanto, que hay muchos triatletas buenos'. Y yo les respondía: 'Este tío es diferente. Es como esos, pero sin entrenar'.