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Viernes, 11 junio 2010

Mario Mola: "Tengo ganas de volver a Madrid"

A pesar del inoportuno pinchazo, el campeón del mundo júnior guarda un gran recuerdo de su debut en las World Series, sobre todo por el cariño del público.

Ha pasado cerca de una semana desde mi “debut” en la prueba reina para un triatleta español y reconozco que a pesar del sabor agridulce que me dejó ese pinchazo; ha sido y la recordaré siempre como una carrera fantástica en un entorno inigualable.


Viajé a Madrid varios días antes de la carrera ya que debíamos asistir a una serie de actos y presentaciones; lo que me permitió también compartir algunos entrenamientos y risas con Josemi, Cesc, Iván y Javier... Menudo lujo!

Los días previos a la carrera siempre son algo mas “tensos” de lo habitual, pero el hecho de estar alojados en la Blume, lo convertía al menos en algo a lo que sí estamos acostumbrados, por lo que hasta la hora de la presentación oficial de la carrera no me dí cuenta realmente de dónde me había metido. Mi experiencia en carreras del máximo nivel era nula, de hecho, no he participado todavía en un Copa del Mundo, por lo que mi condición de novato era doble, o triple.

La cuestión es que meses antes hice una buena carrera en Portugal y allí me encontraba, el penúltimo de una fila de 66 hombres cuyo currículum aplastaba al mío infinitas veces. Mi carrera estaba clara: debía nadar a tope, sufrir en bici y correr como pudiera. Sonó la bocina y empecé a mover los brazos tan rápido como pude hasta la primera boya. Hasta ese punto, la salida y los primeros 300 metros fueron bastante limpios. La cosa cambió al llegar a ese giro de casi 180 grados, dónde los golpes y agarrones me acompañaron durante cerca de 25 metros. A partir de ahí, intenté mantenerme en un grupo y no perder la espuma. Segunda vuelta y más de lo mismo. Salí del agua bastante bien situado y corrí tanto como pude hasta subir a la bici.
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No recuerdo haber empezado 40 kilómetros de bici de manera tan salvaje nunca antes. Hice el primer repecho tan fuerte como daban mis piernas, entre el griterío y apoyo de nuestra gente, todo es mas fácil. Me ví metido en el grupo perseguidor y mis sensaciones no eran tan espantosas. Contactamos con el grupo de cabeza al final de la segunda vuelta y pude estar en el grupo de los mejores hasta la cuarta vuelta de un total de ocho, cuando pinché. Cambié la rueda tan rápido como pude y seguí con la carrera, con rabia, impotencia ante un pelotón inalcanzable. Fui engullido por el segundo grupo y pude aguantar allí hasta el final de la bici. La carrera a pie tuvo poca historia, las fuerzas eran justas en la mayoría y afortunadamente el calor del público nos daba el empujón hasta la meta.

Acabé el 47. Menuda experiencia. Tengo ganas de volver. Espero volver. La gente merecía más y ojalá pronto pueda devolverles todo su cariño, apoyo y ánimo en forma de una buena carrera, pero esa vez hasta el final.



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