Antes que nada me voy a presentar, me llamo Ramón Torró y voy a ser el narrador de una bonita historia cuya protagonista es mi esposa Ana Carreres, pero que podría serlo cualquiera que dedique unos minutos a leer este relato.
Con treintainueve años yo y Ana treinta seis, descubrimos el triatlón de larga distancia en el año 2009 en el aeropuerto de Madrid cuando nos llamó la atención ver a alemanes de 1,90 metros de altura, rubios y esbeltos lucir con orgullo camisetas con el logotipo de IRONMAN, 3,8 m Swim, 180 k Bike y 42.195 m Run. Con cierto asombro y escepticismo, pensábamos que completar una prueba del calado de un IRONMAN estaba sólo al alcance de unos pocos deportistas de élite o superhombres, de ahí el nombre de la prueba “hombre de hierro”.
Nosotros viajábamos en el mismo avión destino a Lanzarote para completar la vuelta a la isla en bicicleta Btt (Pedals de Lava) aprovechando una semanita de vacaciones. Pertrechos con nuestras bicicletas de montaña y cascos recorrimos la isla de Lanzarote cruzándonos constantemente con ciclistas acoplados a unas bicis espectaculares que recorrían en grupos la isla entrenando para la prueba que se celebraba el sábado 23 de mayo de 2009.
Los lanzaroteños, muy amables y simpáticos, todo hay que decirlo, en varias ocasiones al vernos vestidos de ciclistas, con los cascos y las bicis, nos preguntaban si íbamos a participar en el IROMAN, nada más lejos de la realidad. Esto, unido a nuestro carácter aventurero despertó la curiosidad por la prueba y empezamos a visitar la feria del corredor, preguntar sobre los recorridos, las inscripciones, , etc.. quedando sorprendidos al ver la lista de inscritos y los grupos de edad. Parecía increíble que más de 2000 personas fuesen a desafiar la distancia IRONMAN y lo más increíble ver que había participantes inscritos en los grupos de edad de 55-60 años , 60-65 años y más.
Te empiezas a plantear si serías capaz de completar una prueba de tal magnitud y te preguntas como hacen para nadar 3,8 kilómetros, recorrer 180 kilómetros con la bici y correr después un maratón, sin acabar en una ambulancia camino al hospital.
Dicen que “eres dueño de tus pensamientos y esclavo de tus palabras” y así fue, tomando un refresco en una terraza de Playa Grande en el Puerto del Carmen de Lanzarote mi mujer y yo nos dijimos uno al otro, “nos compramos unas bicis de carretera y nos preparamos un Ironman.”
Dicho y hecho, a principios de 2010 compramos las dos bicis, nos apuntamos a un cursillo de natación y empezamos a tomar contacto con un deporte hasta el momento desconocido para nosotros, el TRIATLON, nadar, pedalear y correr. Debutamos el mismo 2010 en la disciplina en el triatlón Sprint de Pinedo (Valencia), siguiendo con el triatlón sprint de Cullera y el olímpico de Antella.
Empezar desde la base nos dió confianza y juntos planificamos el camino hacia el gran reto de completar un triatlón de larga distancia haciendo un calendario de pruebas para el 2011; dos triatlones de media distancia (1,9 km natación, 90 km bici y una media maratón) el primero para abril, Arenales 113 y el segundo para mayo Half Challenge Barcelona-Maresme y para julio del 2011 el Ironman Zurich.
Arranca el presente año 2011 y con las inscripciones formalizadas en todas las pruebas que habíamos previsto, en un viaje a la nieve en enero, Ana sufre un accidente esquiando, con un primer diagnóstico de rotura de ligamento anterior cruzado de la rodilla y rotura de menisco. ¿Decepcionante verdad? Toda la ilusión puesta en la prueba y todo el tiempo invertido entrenando se esfuma para ella que se ve postrada en una silla de ruedas con una férula ortopédica para mínimo dos o tres meses de inactividad.
Con una voluntad de hierro y cumpliendo escrupulosamente con todas las indicaciones del traumatólogo tras retirarle la férula ortopédica, el único deporte que le autoriza el médico practicar es la natación con el pull-boy, con la intención de ir recuperando masa muscular de la pierna lesionada.
En mi caso sigo con la planificación prevista, participando en el triatlón Arenales 113, HalfChallenge Barcelona-Maresme y Ironman Zurich, consiguiendo ser finisher, pero huérfano al no poder compartir el sueño de cruzar la meta junto a mi esposa Ana debido a la lesión.
Ana, parcialmente recuperada empieza a montar en bici y me acompaña en mis entrenamientos de natación y bicicleta dándome ánimos y fuerza para llegar a Zurich en condiciones, animándome en todas las pruebas previas y en el día del Ironman, pero al mismo tiempo con la rabia de no poder participar en la prueba como habíamos previsto.
Nosotros siempre hemos practicado deporte, alpinismo, deportes de aventura, escalada, btt, etc. La capacidad de sufrimiento la tenemos bien entrenada y nuestro karma es un poema de Rudyard Kipling “El éxito comienza con la voluntad”, que tenemos colgado en la cocina de nuestra casa y que leemos casi a diario;
“Si piensas que estás vencido, lo estás. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes, no lo lograrás. Si piensas que perderás, ya has perdido.
Porque en el mundo encontrarás que el éxito comienza con la voluntad del hombre. Todo está en el estado mental. Porque muchas carreras se han perdido antes de haberse corrido y muchos cobardes han fracasado antes de haber su trabajo empezado.
Piensa en grande y tus hechos crecerán. Piensa en pequeño y quedarás atrás. Piensa que puedes y podrás. Todo está en el estado mental.
Si piensas que estás aventajado, lo estás. Tienes que pensar bien para elevarte. Tienes que estar seguro de ti mismo, antes de intentar ganar un premio.
La batalla de la vida no siempre la gana, el hombre más fuerte o el más ligero, porque tarde o temprano, el hombre que gana es aquel que cree poder hacerlo.”
Con el alta médica de la lesión, que en la última resonancia es diagnosticada como desgarro leve del ligamento cruzado anterior de la rodilla y edema meniscal, el traumatólogo anima a Ana para que vuelva a la competición, prescribiéndole entrenamiento duro de piernas para recuperar el tono muscular intentando evitar si tiene molestias la carrera a pie.
Descartando para el 2011 la larga distancia, participa en junio en el triatlón olímpico de Vinarós (Castellón) sufriendo molestias en la rodilla en el segmento de carrera, pero retomando el contacto con la disciplina. Con una voluntad de hierro, al triatlón de Vinarós le seguiría el olímpico de Antella (Valencia) y dos travesías, Xéraco y Antella.
Mi contacto con la larga distancia en Suiza y conocer el carácter de Ana me hacen confiar en ella y animarla a desafiar la larga distancia en octubre en Calella, participando en el Challenge Barcelona-Maresme, prueba en la que yo participé en su versión Half en mayo y de la que quedé encantado por la organización y recorridos.
Gracias al DDT, (Diario del Triatlón), conseguimos dos inscripciones para participar en el Challenge Barcelona-Maresme el 2 de octubre de 2011, reto que para Ana se convierte en una odisea y un muro difícil de salvar ya que le quedaban apenas dos meses para prepararlo y no había tomado contacto con la medía distancia.
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