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Viernes, 4 octubre 2019
Sue Hutter es un caso único, jamás ha practicado triatlón pero lleva 15 años viajando a Kona para animar a los competidores y vivir de manera apasionada la prueba junto a su familia

La mejor aficionada de la historia del Ironman de Hawaii

Sue Hutter jamás se ha puesto un trimono y el neopreno es algo que ve de lejos, pero hay pocos aficionados en el mundo que viva con tanta pasión el Ironman de Hawaii. Su enamoramiento con esta prueba comenzó en la década de los noventa del pasado siglo cuando vio por la tele por primera vez una edición de la mítica prueba.   

 

 

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Su relación con el deporte en ese momento era casi nula. No practicaba ninguna disciplina pero el embrujo de Kona se adueñó de ella. Cada año su atracción hacia el Ironman de Hawaii aumentaba y decidió convencer a su marido Mike para comenzar a hospedar triatletas que acudían al Ironman Coeur d'Alene que se desarrolla a pocos kilómetros de su hogar.    

 

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"¿Por qué llevo 25 años hospendando gratis triatletas en mi casa? Quería mostrarles a mis niños lo importante que es ayudar a los demás, hacer el bien a las personas y ayudarlas en el camino", asegura Sue. Su cariño hacia los triatletas la convirtieron en todo un símbolo entre los triatletas estadounidenses.

 

 

Su familia se apasionó tanto o más que ella por el triatlón pese a no practicarlo y durante los últimos 15 años han viajado los cuatro a Kona para animar a los competidores. "Una de las mayores alegrías que le dia mi hija Chloe fue cuando al salir de una clase en bachillerato le dije que nos ibamos a Hawaii a ayudar como voluntarios en el Ironman de Hawaii" reconoce Sue.   

 

 

La mejor aficionada del Ironman de Hawaii pasa una semana intensa en Kona. No falta a ningún evento en esos siete días, acude a los boxes a saludar a los competidores, charla animadamente con ellos, los anima y les da consejos. Su pasión llega a tal extremo que recorre el circuito de ciclismo y carrera con una tiza y pinta el asfalto. Llega incluso a imprimir los tiempos estimados de paso de cada atleta profesional e incluso de grupo de edad para saber cuándo podrá verles y animarles.   

 

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La noche antes de la carrera coge su su mochila y mete agua, bocadillos y baterías de teléfonos portátiles y a las 3 de la mañana sale hacia la carrera. Esto le permite estar en primera fila en el muelle de Kona donde puede ver la mejor vista del icónico inicio de natación. Ella se va antes de la salida de natación, apresurando el camino hacia Palani para atrapar a los profesionales mientras salen de la ciudad para iniciar el segmento de bicicleta. Unas horas más tarde, se sitúa frente al Arrecife de Kona , que considera el "mejor lugar de todos" para animar a los atletas en la carrera.  Y luego, por supuesto, está en la línea de meta, donde permanece hasta la medianoche. “Es una visita obligada y vale la pena quedarse despierto. Nado hay nada igual como lo que se ve en la línea de meta a medianoche”, dice ella. 

 

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A pesar del itinerario repleto, Hutter dice que el día pasa rápido. Demasiado rápido. Pero vale la pena, porque en la mente de Hutter, solo está devolviendo el amor y la amabilidad que recibió de los atletas. "Mi vida se trata de las buenas personas que hemos tenido el placer de conocer en el camino", afirma.

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