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Viernes, 28 junio 2019
Los expertos en cirujía ortopédica recomiendan no utilizarlas para evitar problemas de fascitis plantar, tendinitis o sobrecargas

"Si quieres seguir saliendo a correr, es mejor que durante el verano te olvides de las chanclas"

Llega el buen tiempo y los podólogos y traumatólogos saben que también les cae trabajo extra. Porque el cambio de calzado, demasiadas veces sin una transición adecuada, y la moda “irremediable” de usar las flip-flop o chanclas también fuera de las piscinas causa una dolencia que se repite año tras año por esta época. Es la fascitis plantar. 

 

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“La fascia plantar es una banda de tejido elástico que va desde el calcáneo (el talón) hasta la zona metatarsal (debajo de los dedos). La inflamación de dicha estructura, principalmente en la zona en la que la fascia se inserta con el calcáneo, es lo que conocemos como fascitis plantar”, explica el doctor Andrés Combalía, consultor senior del Servicio de Cirugía Ortopédica del Hospital Clínic, que advierte de algo que muchos runners no tienen en cuenta. Si quieren seguir saliendo a correr, es mejor que durante el verano se olviden de las chanclas. En verano y en invierno. Es decir, que usen un calzado que agarre mejor el pie y se adapte al terreno (sea blando o duro) para evitar sustos de lesiones. 

 

 

 

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“Aunque queden muy bien y supuestamente resulten tan cómodas, en realidad las chanclas de playa solo deberían usarse para eso, para la playa. Porque son demasiado ligeras y no proporcionan ningún apoyo al pie, de modo que este debe hacer un trabajo extra para agarrarse”, explica Combalía. 

 

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Todos, seamos corredores o no, deberíamos administrar el uso de las sandalias o chanclas. Pero sobre todo los que sí lo son, porque “si has pasado el día andando con ese zapato tan plano, con tan poco agarre, y te pones a correr, sometes el pie y los ligamentos a una tensión extra que puede acabar en lesión”, justifica Combalía, que es además profesor titular de Ortopedia y Traumatología de la UB y especialista de este área en el Hospital Quirón de Barcelona.

 

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Cambiar la altura del calzado repentinamente supone un estrés para todos los músculos que colaboran en la marcha. “Hay un cambio de posición, de forma que toda la estructura debe hacer un esfuerzo para adaptarse al nuevo paso”, cuenta Combalía, que recuerda que “además de la fascitis plantar”,también “la parte posterior del pie y de la pierna, y en especial el talón de Aquiles pueden salir mal parados” por el uso de chanclas.Tendinitis e [Img #34680]inflamaciones por sobrecarga son otras lesiones que pueden acompañar este para nada irrelevante cambio de calzado. 

 

 

El problema es que, con el calor, el pie a veces se hincha y necesita airearse. Una alternativa a las flip-flop sería, por ejemplo, buscar unasandalia abierta pero con cierta protección. Es decir con unaestructura más sólida que proporcione un paso más ergonómico. ¿El modo de escogerlas? Pues aquella que se adapte a la forma de la suela del pie y que no pueda doblarse por la mitad. 

 

 

El caso es que, del mismo modo que no es recomendable andar todo el día sobre tacones, tampoco es saludable hacerlo con un zapato demasiado plano. Al tener una suela tan fina, no protegen de las imperfecciones del terreno ni amortiguan el paso, por lo que el pie absorbe los impactos contra el suelo de manera directa. Pueden causar además de fascitis plantar, “dolor en los talones, tobillos y gemelos por la sobrecarga muscular, tendinitis del tendón de Aquiles, y callosidades”.

 

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Las sandalias y chanclas, “además de tener los inconvenientes de los zapatos planos, por el hecho de ser abiertos protegen menos de posibles cortes en dedos y de uñas rotas, e incluso pueden provocar quemaduras solares, y en general proporcionan una menor sujeción al pie”, dice Albert Ginés Cespedosa, jefe de la Unidad de Pie y Tobillo del Parc de Salut Mar y coordinador de la Unidad de Pie y Tobillo en Clínica Corachán. 

 

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Combalía, que sentencia que “las flip-flop son para la piscina y basta”, recuerda también el peligro que supone usar este tipo de calzado en moto. “Para ir en moto en verano es obligatorio el casco y el zapato cerrado. El pie no tiene piel, nada... es tendones y hueso, así que protegerlo es la única forma de evitar lo que denominamos eldegloving del pie, es decir, partes blandas destrozadas por una simple caída y roce con el asfalto”, resume. 

 

 

Lo más aconsejable es, pues, usar zapatillas deportivas para el día a día. Es el tipo de calzado que probablemente tiene mejores características para nuestra salud”. Aun y así, hay que saber escoger y asegurarnos de que “tenga un contrafuerte posterior (la parte trasera) semirrígido para que el talón tenga una buena sujeción y el pie no baile dentro del zapato; la suela debería ser de goma y flexible, sobretodo a nivel del antepié (parte delantera), para dar mayor amortiguación al metatarso y evitar sobrecargas o callosidades”, añade Ginés.


Fuente: La Vanguardia

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