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Martes, 26 febrero 2019
Rafael Caro es sacerdote de Arriate (Málaga), conocido como 'Tripater' en el mundo del triatlón, y quiere crear una plataforma de triatletas católicos para compartir experiencias

"Antes de un Ironman estaba a las 4:30 realizando la eucaristía en mi habitación con 20 triatletas"

Rafael Caro es un sacerdote que ejerce su trabajo en la localidad malagueña de Arriate que, además, es muy popular en el mundo del triatlón por su pasión por competir en pruebas de larga distancia. De hecho, se ha ganado el mote de 'tripater' entre los triatletas y cada vez son más los deportistas que se ponen en contacto con él para recibir su apoyo espiritual.

 

 

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"Un día recibí una llamada de un tal Ángel, que me llamaba desde Ginebra, y buscaba al Padre Carito. No salí de mi asombro cuando me contó que había conocido mi historia deportiva por Internet y, desde entonces, él y su amigo Fran, cordobés que también vive en Ginebra, me andaban buscando para compartir la experiencia de la fe y el deporte", explicó en Diario Sur. 

 

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"Queremos crear una plataforma en la que contemos nuestra experiencia sobre cómo, desde el deporte, encontramos a Dios en nuestra vida y crece nuestra espiritualidad. Queremos contarle esto a la gente porque en una competición de 2.000 personas podemos estar 800 cristianos, pero no lo sabemos. Por ahora tenemos un grupo de wasap, que rebosa de Dios. Yo soy el cura del grupo, pero muchas veces me quedo impresionado de la fe profunda que transmiten tanto Ángel como Fran.  Mi objetivo es el de crear este tipo de plataforma, el de aunar deporte y fe", explica Rafael Caro.

 

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"La gente me pregunta que cuando una competición es en domingo, cómo hago para celebrar la Eucaristía, y yo les cuento que en un Ironman que participé, a las 4.30 de la madrugada estábamos más de 20 triatletas celebrando la Eucaristía, antes de comenzar a prepararnos para las pruebas deportivas. Fue una gozada", señala.

 

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Entre los próximos proyectos que van a compartir, en mayo se conocerán en persona, en Ginebra y comenzarán a trabajar en un documental, en el que se ha interesado Juan Manuel Cotelo, el director de cine de La Última Cima y El Mayor Regalo. Y en septiembre competirán juntos a un 'Ironman', compartirán reto deportivo, celebración de la Eucaristía y experiencia humana y cristiana. «Queremos que se vea que en nuestra vida no se separa deporte y espiritualidad cristiana», concluye Rafael Caro. 

 

 

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El 'tripater' reconoce que cada vez el mayor el número de triatletas que acude a su eucaristia antes de una prueba ironman: "Al compartir con otros atletas mi labor sacerdotal y ser preguntado sobre cómo un fin de semana en el que compito celebro la eucaristía, yo mismo he visto lo que genera la fe cristiana. En Barcelona, por poner un ejemplo, les dije a un grupo que suelo celebrarla en el hotel, de madrugada, sobre las cinco, antes de tomar parte de una prueba en la que solemos invertir no menos de una docena de horas. Pues de repente he visto como a esa hora han empezado a pegar en la puerta del hotel muchas personas. Recuerdo celebrar una de estas eucaristías con la habitación llena. La mesita de noche era el improvisado altar y te encontrabas a personas ocupando toda la cama, las sillas y también de pie. Es una experiencia de tantas. Participar juntos nos permite, como cristianos, poder compartir ambas experiencias".

 

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El sacerdote se sacrifica en horas de sueño para compaginar su vocación y su pasión deportiva: "Suelo entrenar de madrugada, de manera que para las ocho de la mañana ya he terminado de correr. Y la preparación a nado suelo hacerla a las dos de la tarde, cuando la mayoría de las personas se marchan a almorzar. También tengo la ventaja de que los lunes suele ser para los párrocos el día libre y ahí aprovecho para hacerme 150 ó 200 kilómetros en bicicleta durante toda la mañana. Es cuestión de readaptar los horarios en función de tu labor. 

 

 

 

 

Su prioridad en la vida es clara y el triatlón nunca será un obstáculo para su ejercicio sacerdotal: "Antes que nada soy cura. Aprovecho mis vacaciones para competir y si hay una urgencia parroquial, el entrenamiento queda en un segundo plano. Pero entiendo que el deporte en sí es un medio de evangelización. En mi caso utilizo el deporte para evangelizar, puesto que quienes compiten conmigo dejan de ver al cura como una persona extraña o inaccesible".

 

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Fuente: Religión en libertad

 

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