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Sábado, 10 marzo 2018
Kilian Jornet, el mejor corredor de montaña de la historia, relata en un documental como llego a odiarse a si mismo al convertirse en un ídolo deportivo

"Me emborrachaba cada semana y me ponía en situaciones que me acercaran a la muerte"

Kilian Jornet es uno de los mejores deportistas españoles de la historia. Su currículum en esqui de montaña y carreras de montaña es espectacular. Es admirado en todo el mundo por su fuerza y talento en las condiciones más complicadas y es un ejemplo para cualquiera que quiera destacar en las cuestas más temidas del mundo. Sin embargo, todo genio tiene su lado débil, su época oscura y un documental ha descubierto su fragilidad y miedos en una etapa de su carrera. Path to Everest  (Camino al Everest; Arcadia Motion Pictures), dirigido por Sébastien Montaz-Rosset y Josep Serra y que estos días se proyecta en 30 salas de España refleja ese momento de caída en su vida.

 

 

 

 

En ese trabajo documental se muestra muy duro consigo mismo: "Llegué a odiar a Kilian Jornet.  Llegué a odiar mi foto. Podría ser una mierda, un maltratador, un nazi, un asesino. La gente no sabe nada de mí. Es duro verme a mí mismo como un ídolo o un mito para alguien sólo porque corro rápido. Me siento sucio por la admiración de la gente, por este mundo fanático”.

 

 

 

[Img #27782]

 

 

 

Todo se precipitó en 2011

 

Todo se precipitó en 2011, un año en el que llegó al culmen de su trayectoria deportiva en la montaña. Reconoce que algo se rompió en su interior. Sintió una presión que le ahogaba. No podía aguantar ser un ídolo para mucha gente.  “Tengo que limpiarme, y la manera es hacer algo cercano a la muerte”, [Img #27781]expresa Kilian al revivir esos días de angustia. 

 

Juguetear con la fatalidad era quizás la manera de volver a sentirse vivo. La motivación por construir nuevos sueños se la devolvió Summits of my life (Cimas de mi vida), el proyecto de subir con un estilo minimalista y en el menor tiempo posible las grandes montañas del planeta. La aventura culminó en mayo pasado, cuando en menos de una semana subió dos veces el Everest (8.848m), una en 26 horas y otra en 17.

 

 

La muerte que le dejó tocado

 

Pero antes hubo otro golpe que volvió a hacer tambalear todo su universo. En junio de 2012, cuando se entrenaba en el Mont Blanc con Stéphane Brosse, su amigo y mentor, su ídolo, una grieta se abrió entre ambos. Poco más de un metro les separaba. Esa era aquella mañana la distancia entre la vida y la muerte. Brosse cayó. Jornet se salvó. “Me preguntaba: ‘¿Por qué no caí yo? ¿Por qué cayó él?”, recuerda. Y de nuevo la autodestrucción. Su madre apenas podía acercarse a él.

 

 

“Fue una época en la que bebía mucho alcohol”, confiesa Kilian en el documental. “No me gusta. Nunca bebo. Pero me emborrachaba cada semana. Competía, hacía las carreras y ganaba, pero en el fondo estaba triste. La manera de salir de eso era emborrachándome, y durante las carreras poniéndome un situaciones que me acercaran a la muerte”.

 

Fuente: DDT y El País

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