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Domingo, 4 marzo 2018
Ramón de Cangas, médico especialista en nutrición, analiza la dieta cetogénica basada en la drástica reducción de la ingesta de hidratos de carbono

Estos son los riesgos de la dieta que defiende el legendario Dave Scott

Dave Scott ganó seis veces el Ironman de Hawaii y sigue relacionado con el triatlón como entrenador. En ese aspecto le otorga un valor decisivo a la nutrición. La leyenda de Kona es de los que defiende una reducida ingesta de carbohidratos y afirma que el porcentaje de distribución de alimentos que recomienda se divide en un 60% en alimentos basados en grasas ricos en omega (semillas, nueces, aceitunas, aceite de coco y pescados de mar), un 20-25% debe estar basado en proteínas y sólo un 20% deben ser carbohidratos ricos en fibra (integrales). En un artículo en la revita Triathlete de Estados Unidos

 

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Sin embargo, esta dieta cetogénica tiene sus ventajas y sus riesgos. El doctor especialista en nutrición Ramón de Cangas ofrece su visión sobre los riesgos

 

 

 

Son un tipo de dietas cada vez más extendidas en el mundo del deporte pero cuyo uso puede suponer una caída en el rendimiento y un riesgo para la salud. Suelen ser utilizadas para perder mucho peso muy rápido.

 

 

 

 

 

¿ Qué es la dieta cetogénica?

 

 

Aunque no se puede generalizar ( depende mucho de cada persona, de su actividad física, composición corporal etc..) en general se habla de una dieta cetogénica cuando el aporte de hidratos de carbono es de menos de 100 gramos al día, ya que en dichas circunstancias se generan los llamados cuerpos cetónicos. Aun así, y por los motivos antes comentados, no es conveniente tomar esa cifra como un valor determinante.

 

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¿Qué son los cuerpos cetónicos?

 

 

Los cuerpos cetónicos son unas moléculas cuya producción se maximiza en ausencia de hidratos de carbono. Realmente cuando nuestro organismo utiliza la grasa como fuente de energía, oxida los ácidos grasos en las mitocondrias celulares (en especial en el hígado) y en este proceso se forman tres moléculas ( acetona, betahidroxibutirato y acetoacetato, éste último puede proceder del colesterol) que se conocen como cuerpos cetónicos.

 

 

¿Los cuerpos cetónicos son residuos metabólicos o son fuente de energía?

 

 

Estas tres moléculas (acetona, betahidroxibutirato y acetoacetato) realmente tienen la consideración de residuos metabólicos, sin embargo no hay que olvidar que en los tejidos de fuera del hígado estos compuestos “entran” en el ciclo de Krebs con lo cual permiten obtener energía y por ello son una fuente de energía extra. Pero para que produzcan energía debe existir glucosa suficiente. La acetona es una excepción puesto  que se elimina por la orina y por la respiración (precisamente por eso cuando sus niveles están aumentados pueden provocar que el aliento tengo un olor característico).

 

 

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¿Pueden originar algún problema los compuestos cetónicos?

 

 

Si no existe suficiente glucosa (como puede ocurrir en las dietas cetogénicas basadas en muchas proteínas y prácticamente nada de hidratos de carbono) o si hay una producción muy elevada de cuerpos cetónicos (que también puede tener lugar con ese tipo de dietas), éstos se van acumulando poco a poco y como tienen carácter ácido pueden llevarnos a una situación de acidosis .

 

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A este punto se puede llegar con una dieta hiperproteica que restrinja mucho los hidratos de carbono, también pueden llegar los diabéticos que no se controlen ( por poner un ejemplo, un diabético tipo 1 que no se medique al no inyectarse insulina y no producirla su cuerpo es incapaz de utilizar la glucosa y por lo tanto desde el punto de vista energético por mucha que ingiera es como si no la tomara y se produce la conocida y peligrosa cetoacidosis) y también pueden verse en esta situación personas que ayunen o sigan dietas muy hipocalóricas de forma prolongada.

 

 

¿Qué ocurre ante una falta generalizada de ingesta de hidratos de carbono?

 

 

En cuanto comienza el “ayuno” de hidratos de carbono (ayuno que puede derivar de un ayuno total, de una dieta muy baja en kilocalorías o de una dieta muy rica en proteínas y por tanto muy baja en hidratos de carbono)  se utiliza la glucosa circulante en sangre cuyos niveles descienden rápidamente. A partir del agotamiento de dicha glucosa se empieza a utilizar la glucosa almacenada en forma de glucógeno y también se utilizan los ácidos grasos almacenados en el tejido adiposo en forma de triacilglicéridos. Éstos se liberan en forma de ácidos grasos que fluyen hacia las células para degradarse originando acetil coenzima y de esta forma aportar energía permitiendo el trabajo de las células y también en forma de glicerol a partir del cual se puede originar glucosa.

 

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¿Y de qué recursos dispone nuestro organismo cuando se agota la glucosa circulante y el glucógeno muscular y hepático?

 

 

El glucógeno se va agotando y los niveles de glucosa en sangre vuelven a descender. Llegado este punto la mayoría de las células dependen de los ácidos grasos para seguir teniendo energía. Pero no hay que olvidar que los glóbulos rojos y las células del sistema nervioso necesitan glucosa, tanto es así que el cerebro consume unas 500 kilocalorías en forma de glucosa al día (la mitad de la glucosa consumida al día, de hecho entre un 25-30% de la energía consumida por el cuerpo de un adulto sano en reposo corresponde al cerebro).

 

 

 

¿Qué hacer entonces?

La grasa se almacena en forma de triacilglicéridos que son una molécula de glicerol unida a 3 ácidos grasos. Pues bien, los triacilglicéridos se escinden en sus componentes, por un lado los ácidos grasos que no pueden originar glucosa y por otro lado el glicerol que sí puede originar glucosa. De esta forma, a partir del glicerol, se origina algo de glucosa, pero no la suficiente porque el glicerol representa sólo 3 de los más o menos 50 carbonos que tiene un triglicérido, es decir sólo un 5% de su peso con lo cual el otro 95% de su peso (que son los ácidos grasos) no puede  convertirse en glucosa.

 

 

Escasez

Llegado este punto hay un problema por la escasez de glucosa, el organismo puede utilizar sus reservas de grasa que permite abastecer de energía a la mayor parte de las células del organismo pero los glóbulos rojos necesitan glucosa, dependen completamente de la glucosa y el cerebro y las células nerviosas la prefieren como forma de energía. Lo que ocurre para salvar esta situación es que los aminoácidos que proporcionan piruvato pueden utilizarse para obtener glucosa. El problema es que para obtener estos aminoácidos deben degradarse estructuras corporales. Tal es la importancia de las proteínas como fuente de glucosa que en los primeros días de ayuno (una vez agotado el glucógeno) la mayor parte de la glucosa que se necesita se obtiene a partir de ellas. Pero todo tiene un precio, si esta  degradación de las estructuras corporales (masa muscular etc…) se mantiene a este ritmo que es demasiado alto obviamente habría complicaciones serias para la salud. La energía obtenida a partir de la proteína muscular se consigue gracias a un ciclo llamado glucosa-alanina.

 

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El cerebro demanda energía

El cerebro gasta demasiado glucosa ( es la fuente de combustible que prefiere) y al ritmo que gasta sería inviable sostener su gasto energético a costa de seguir degradando proteínas de estructuras corporales, por ello cuando el ayuno se prolonga el organismo acaba empleando la propia grasa como fuente de energía para el cerebro. Lo que ocurre es que a partir de acetil coenzima (que procede de los ácidos grasos) se pueden originar los cuerpos cetónicos que pueden servir de fuente de energía a algunas células del cerebro. Además los cuerpos cetónicos reducen el apetito (un mecanismo de protección para reducir el gasto energético y disminuir los requerimientos energéticos).  Aunque esto nos permite salvar la situación,  aun así existen algunas células cerebrales específicas que siguen necesitando glucosa  (también los glóbulos rojos) y por tanto se sigue degradando proteína aunque ahora ya a un ritmo mucho menor que los primeros días. Aunque tomemos mucha proteína no vamos a evitar esa pequeña degradación proteica puesto que por un ciclo que tiene lugar en el hígado (el ciclo de la urea) el esqueleto hidrocarbonado de los aminoácidos se pueden reconvertir a glucosa y la parte nitrogenada se elimina en forma de urea por la orina. Algunos estudios sugieren que la ingesta de aminoácidos ramificados (isoleucina, leucina y valina), alanina, glutamina e hidroximetilbutirato (metabolito de la leucina) pudieran disminuir la degradación proteica en situaciones de estrés (como es el caso de una dieta cetogénica).

 

 

Pero todo tiene sus costes

 

 

Los cuerpos cetónicos tienen un grupo ácido y al ir aumentando la concentración de los cuerpos cetónicos el ph de la sangre disminuye y se acidifica y se produce la cetosis que en realidad es una alteración orgánica nada positiva. El organismo trata de deshacerse de este nivel alto de cetonas en sangre eliminándolas por la [Img #27689]orina (se conoce como cetonuria, la presencia de estos elementos en la orina) y como efecto de estos niveles elevados en sangre el aliento huele a acetona.

 

 

Todo esto supone una pérdida de masa muscular ( que por salud, por estética y desde el punto de vista del control de peso por su importancia en cuanto a su contribución al metabolismo basal es muy negativo), un estrés metabólico con riesgo de complicaciones renales, hepáticas e incluso cardiovasculares, hay una mayor pérdida de calcio y por tanto un mayor riesgo de osteoporosis, etc…

 

 

Además hay una gran pérdida de agua corporal aumenta la secreción de urea por parte de las células hepáticas (ciclo de la urea). Pero la urea debe ser solubilizada y por tanto el organismo necesita agua. La urea se elimina a través de los riñones por medio de la orina. También hay una pérdida de agua intracelular. Una dieta deficiente en hidratos de carbono provoca paulatinamente el agotamiento de las reservas musculares y hepáticas de glucógeno, por cada gramo de glucógeno se acumulan 2,7 de agua, por tanto otra pérdida de agua (en este caso intracelular).

 

 

¿Riesgos?

 

 

Este tipo de dieta no está exenta de riesgos y se aleja de los principios de una dieta equilibrada y de las recomendaciones y guías alimentarias de las sociedades científicas, organismos oficiales etc.. incluso aquellas de los propios ámbitos deportivos.

 

 

Si realizamos una búsqueda bibliográfica, veremos que realmente en la literatura se citan posibles efectos secundarios a corto plazo tras instaurar este tipo de dieta (cálculos renales, hemorragias gastrointestinales, vómitos, hiperlipidemia tipo I, colitis ulcerosa e incluso en casos extremos coma). No solamente esto, sino que de forma temprana tras instaurar este tipo de dietas también se citan en la literatura posibles alteraciones bioquímicas como hipoglucemia, acidosis metabólica, hipoproteinemia, hipertrigliceridemia, hiperuricemia, hipertransaminemia, hipercolesterolemia, hiponatremia e incluso hipomagnasemia.

 

 

Todo lo que he indicado anteriormente es de forma temprana, es decir a corto plazo, pero también a largo plazo aparecen descritos en la literatura científica otra serie de efectos secundarios como fallo hepático, alteraciones de los ganglios basales, estreñimiento, reflujo gastroesofágico, urolitiasis, osteopenia, cardiomiopatía, alargamiento del intervalo QT y neuropatía óptica aparte de alteraciones bioquímicas como dislipemias, anemia, hipocarnitinemia, dislipemias, elevación de ácidos grasos de cadena muy larga y déficits de vitaminas y de minerales.

 

 

¿No tienen nunca utilidad?

 

 

Aun así, son una realidad y no podemos negar que se han utilizado y se utilizan. En determinadas circunstancias las dietas cetogénicas tienen utilidad. Por ejemplo está justificando su uso en determinadas patologías (como epilepsia refractaria). De hecho actualmente la evidencia científica parece demostrar un mayor beneficio en ciertos tipos de epilepsia (mioclónica atónica, síndrome de D[Img #27688]ravet y epilepsias en displasias corticales) y en dos trastornos metabólicos como la deficiencia del transportador de glucosa (GLUT-1) y la deficiencia de la piruvato deshidrogenasa (PDH) cuando se utiliza esta dieta.

 

 

En ocasiones en determinados deportes (como culturismo) pueden tener su lugar y aplicación porque hay que reconocer que ciertos atletas y preparadores las han utilizado con éxito ( pero aun así no debemos de olvidar que otros atletas y preparadores también han alcanzado éxitos sin necesidad de realizar una dieta cetogénica). Pero la realidad y el consejo es que por los riesgos que pueden conllevar este tipo de dietas siempre deben estar pautadas y  estar bajo el control de profesionales y siempre es conveniente una supervisión médica periódica (analíticas etc…). En ciclismo o triatlón su uso para perder peso es contraproducente.

 

 

Personalmente, como Dietista-Nutricionista no diseño nunca este tipo de dietas salvo cuando un médico me lo solicita (pacientes con ciertas patologías cuyo médico especialista me solicita como Dietista-Nutricionista una dieta de dichas características).

 

 

¿ Un ejemplo de dieta cetogénica?

 

 

Existen muchas variantes de dietas cetogénicas. Así podemos hablar de dieta cetogénica básica, de dieta cetogénica con triglicéridos de cadena media, de dieta cetogénica por ratios 2:1, 3:1, 4:1 ( los ratios hacen referencia a la relación entre los gramos totales de grasa respecto a la suma de gramos de proteínas más hidratos de carbono) etc…

 

 

Un ejemplo de dieta cetogénica básica sería:

 

 

Desayuno:

Un yogur natural desnatado no azucarado y pechuga de pavo a la plancha con aceite de oliva y pimentón un huevo cocido

Media Mañana:

Una lata de mejillones al natural

Mediodía

Ternera asada al horno al romero y con espinacas hervidas.

Merienda:

Una lata de atún al natural

Cena:

Merluza al limón y tomillo con acelgas hervidas

Recena:

Un yogur natural desnatado no azucarado.

En definitiva no son una buena opción para ciclistas ni en general para la población.

Doctor Ramón De Cangas

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